CÓMO HACER QUE MI HIJO SE ACEPTE


 
 

Cuando no nos amamos completamente, cuando nuestra autoestima está “baja” (como solemos decir) es porque hemos creído que hay algo en nosotros que no está bien, que no funciona o que no es valioso.
 
Quizás nos dijeron que para ser bello hay que ser más alto, más bajo, más grueso, o más delgado. Esto también se aplica a cómo somos y nos comportamos. Quizás aprendimos que lo aceptable es ser sociable, ocurrente, graciosa, intelectualmente inteligente, etc. Todas estas características las desarrollamos en relación con nuestro entorno, y la información de si somos de un modo u otro también proviene de otras personas.
 

Es decir, que cuando no nos aceptamos o amamos es porque creemos más las calificaciones que vienen del exterior que a nuestra verdadera esencia. Esa parte que es única e irrepetible en nosotros.
 

Muchos papás y mamás de personas con diversos diagnósticos, autismo, asperger, síndrome down, diversidad funcional intelectual, etc. se preocupan, anhelan y quieren ayudar a sus hijos a quererse más, a que tengan más autoestima.

 
 

¿Qué puedo hacer para que me hijo se acepte? ¿Cómo podemos conseguir que se quiera más?

 
 

La respuesta más directa, más sencilla, y más clara para ayudar a los hijos es amar su diferencia.

 
 

Han recibido de parte de muchas personas, instituciones, compañeros, maestros, profesionales, e incluso padres, el mensaje de que hay algo en ellos a mejorar, a potenciar, a salvar. Y aunque este mensaje es enviado desde el amor, desde las ganas de verles desarrollarse y aprender todo lo posible para ser seres autónomos y felices, también implícitamente les enviamos, sin pretenderlo, el mensaje de que algo en ellos está mal (por lo tanto es mejorable, digno de revisión, no es suficiente).

 
 

Este mensaje, a nuestro pesar, en muchos de los casos acaban creyéndolo, porque así construimos nuestra identidad las personas, hasta que empezamos a cuestionarnos a nosotros mismos y nuestra educación.

 
 

Así que la clave para facilitar la autoestima de cualquier persona, y en este caso de estas personas con diagnósticos diversos, es amar su diferencia. Amar aquello que les hace personas únicas, también las estereotipias, los gritos, los aleteos, la introversión, la ingenuidad, los tics, la rigidez, la emocionalidad, etc.

 
 

Porque si estos síntomas están presentes es porque hasta este momento los han necesitado. Son por tanto una parte de ellos y como tal merece nuestra aceptación y cariño. No hablo de resignación, hablo de amor, de comprensión.

 
 

Todos merecemos ser amados y aceptados por quienes somos, en todos los momentos de nuestra existencia. A veces nos encontramos con situaciones más complejas de amar, porque las identificamos como las causantes de situaciones duras, difíciles o angustiosas. En estos casos tenemos una maravillosa oportunidad de detenernos y empezar a amar la dificultad que tenemos en amar esta situación compleja.

 
 

El cariño y la comprensión hacia nosotros, nuestros hijos y nuestras diferencias nos permitirá crecer y desarrollarnos con todas nuestras posibilidades. Y los hijos aprenderán esto también.

 
 

Vamos a ver 3 claves para potenciar la mirada amorosa hacia el hijo/a y sus dificultades, para que siendo el amor y aceptación lo primero con lo que se encuentra, aprenda a dárselo él o ella misma también, y sea lo que busque en las personas de las que se rodee.

 

  • DIFICULTAD vs PROBLEMA

En lugar de mirar las dificultades de los hijos como problemas, las miraremos como simples dificultades, o aspectos a potenciar. El simple hecho de utilizar una palabra u otra nos hace percibir la situación distinta. No te lo creas porque te lo diga, ¡pruébalo! Piensa en una dificultad que tenga tu hijo (relacionarse, iniciar conversaciones con otras personas, mantenerse centrado en una sola actividad, no comprende o integra las normas sociales, etc.) y mírala primero como un problema. Observa cómo te sientes cuando lo piensas así. (Hazlo, te llevará sólo unos segundos).

Después mira la misma dificultad sólo como algo a potenciar, o una dificultad en este momento. Y observa también cómo te sientes.

La mayoría de personas con quienes hacemos este ejercicio esto suelen vivir de un modo más ligero y proactivo la actitud segunda, cuando su dificultad es sólo vista como algo a potenciar y no como un problema.

 

  • AMA LA DIFICULTAD

El cariño, el amor, la mirada cálida transformará la dificultad. ¿Cómo? La dificultad merece ser respetada, como todo lo demás. Simplemente refleja un momento evolutivo concreto. Quizás este momento evolutivo parece interminable, quizás no veamos cambio ni salida. Y también entonces merece ser respetada.

El cariño proyecta las siguientes ideas: está bien que seas como eres, también cuando tienes dificultades estoy contigo, mereces amor también cuando algo no “te sale”, eres perfecto/a tal y como eres.

 

  • CONSENTIMIENTO vs ACEPTACIÓN

Hay personas que confunden cariño con consentimiento. Y expresan ¿no estaré consintiéndole? O ¿no estaré consintiéndome? Si realmente te planteas esto puedes comprobar preguntándote a ti mismo/a si realmente estás consintiéndote o consintiéndole. Hay una diferencia entre consentir y aceptar. Cuando consentimos nos ocultamos a nosotros mismos una verdad, la pasamos por alto, le quitamos importancia sin respetar lo que verdaderamente sentimos. Cuando aceptamos simplemente miramos la situación de un modo amplio, sin esconder nada, y la respetamos tal cual es.

 
 

Deseo que estas claves te animen a ampliar tu mirada amorosa.

 
 

Un abrazo.

 
 

Sonia.

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