LA DIVERSIDAD DESDE LAS ESTRELLAS


 
 

Imagina que pudieras ver la tierra desde las estrellas, que tuvieras el privilegio de ver el planeta desde afuera, y poco a poco te acercaras a la superficie terrestre.

 
 

El viaje ha comenzado, y cuando te estás acercando a la tierra, empiezas a ver unos puntos, que más tarde descubrirás que son personas, y desde ahí todos te parecen iguales. Las personas son simples puntos en movimiento. Algunos se mueven más que otros. Pero no aprecias diferencias físicas ni conductuales entre unos puntos y otros más allá de la velocidad con que se mueven. A esa distancia todas las personas te parecen exactamente iguales.

 
 

Sigues acercándote a la superficie, y empiezas a apreciar rasgos, ritmos, y tamaños. Te acercas más y compruebas que algunos de esos puntos, que ahora identificas como personas, emiten sonidos para comunicarse. Quizás sea una lengua que no conoces, quizás sea un código nuevo para ti. En cualquier caso desde afuera todo te parece nuevo, a veces extraño.

 
 

Finalmente llegas a un espacio en que esas personas hablan el mismo idioma que tú, y además utilizan los códigos de comunicación que tú comprendes y utilizas. Los sonidos, las señales con las manos, las expresiones corporales, los silencios, el tono de la voz…

 
 

Te sientes cómodo, te sientes cómoda, entre personas con quienes compartes esta manera de comunicar, y es sencillo entenderlas y hacerles llegar tus opiniones, tus inquietudes, tus deseos. También percibes que hay personas que se expresan de manera distinta a la tuya, y a la de ese grupo de personas con quienes coincides. Esas otras personas te resultan extrañas, y te das cuenta que necesitas emplear nuevos recursos para comunicarte con ellas, estrategias nuevas que no estaban en tu repertorio. Como sentarte a su lado, y en lugar de hablar: sentir.

 
 

Estas personas no se comunican contigo hablando, ni mirándote fijamente a los ojos, y hacen movimientos que no comprendes. Te extrañas. Y te preguntas por qué harán esos movimientos raros.

 
 

Y entonces, en ese preciso momento recuerdas que justo hace unos momentos, estando más alejado, estando más alejada de la tierra, no apreciabas esas diferencias que ahora sí percibes. Que no te extrañabas con lo que ahora sí. Y te preguntas ¿a qué se debe que ahora sí perciba estas diferencias?

 
 

Entonces, miras a esa persona que aletea enfrente de ti, miras a otra persona que la mira con amor, también miras a alguien que pasaba por ahí y observa a la persona que aletea con mirada de extrañeza, miras al horizonte y te das cuenta que las diferencias que perciben unos y otros están sólo en sus mentes. Que no es algo absoluto, que no es la realidad.

 
 

Desde las estrellas todos somos iguales. Todos pertenecemos al mismo mundo. Es sólo desde la mente de las personas que apreciamos las diferencias y las catalogamos bajo nombres o etiquetas.

 
 

Y entonces te invade un sentimiento de paz enorme. Un sentimiento de paz, de comprensión y tranquilidad. Y comprendes, sin utilizar el mismo código de comunicación, a aquel que aletea, a aquella que mira con amor, y a aquel que mira con extrañeza. Y comprendes que cada una de estas personas forman parte de tu mundo, y tú del suyo. Y esta comprensión cambia por completo tu mirada sobre las personas. Dejan de ser ‘aquella que aletea’, ‘aquella que mira con amor’, ‘aquel que mira con extrañeza’, y pasan a ser un reflejo de tus ideas, de tus creencias, de tu manera de mirar y estar en el mundo.

 
 

Ahora que te has liberado, ahora que has comprendido que todos en esencia somos lo mismo, ya no miras, ni quieres mirar ‘la realidad’ de aquel modo en que separabas a las personas entre las que se comunican como tú, y las raras. Ahora sabes que esas ‘rarezas’ son oportunidades para comprender el mundo que te rodea. Ahora sabes que esas ‘peculiaridades’ están solo en tu cabeza, y sabes y quieres acercarte a ellas, porque te permiten desarrollar nuevas formas de entender la vida, nuevas formas de comunicarte contigo y con el mundo. Ya nunca más ves el mundo de aquella forma extraña.

 
 

Dedicado a todas aquellas personas etiquetadas con los nombres ‘dis-capacidad intelectual’, ‘’TEA’, ‘retraso madurativo’, ‘síndrome down’, ‘necesidades especiales’, y otros síndromes, con quienes tuve la fortuna de encontrarme, de compartir tiempos y espacios y descubrir aspectos en mí que antes no sabía que me conformaban. Gracias, gracias, gracias.

 
 

Con cariño.

 
 

Sonia Gutiérrez.

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